Japón, finales del siglo XVI.
El país deja atrás la Era de los
Estados en Guerra y se adentra en un titubeante periodo de paz. Entre
las víctimas del largo conflicto se halla Seizo Ikeda, único
superviviente del clan regente de la provincia de Izumo, huérfano a los
nueve años tras el exterminio de su casa. Hostigado por los asesinos de
su familia y condenado al destierro y al olvido, inicia un largo
peregrinaje al amparo de Kenzaburo Arima, último samurái con vida del
ejército de su padre, convertido ahora en su mentor.
En el otro
extremo del país, Ekei Inafune, un médico repudiado por aplicar las
artes aprendidas entre los bárbaros llegados de Occidente, se ve
implicado en una conjura urdida a la sombra de los clanes más poderosos
del país. Una conspiración capaz de acabar con el frágil periodo de
calma que da comienzo.
Una novela cruda y bella, cargada de
matices, que nos hace viajar a través de un Japón devastado por más de
dos siglos de guerra, entre cuyas cenizas, sin embargo, florecen los más
hermosos cerezos.(ENE/26)
NOTA: Siempre comento lo que me atraen estos libros que se desarrollan en sitios muy desconocidos, en épocas igual de desconocidas y con unos personajes muy míticos pero de los que sabemos muy poco. Pues esos tres ingredientes tiene este libro que me atrajo sobre todo por la parte histórica que desarrollaba. Luego su lectura se me ha hecho un poco farragosilla y a veces excesivamente premiosa, pero sin llegar a aburrir ( y eso que es un buen tomo...). Como vas viendo el devenir de todo, imaginas el final, pero, a lo dicho, eso no le quita puntos. Pero, ojo!, sin llegar a entusiasmar. Mi nota...7,5.